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Atención centrada en la persona y alimentación (ACP)

El modelo de atención centrada en la persona (ACP) es actualmente objeto de gran interés entre los servicios de nuestro país, que ofrecen atención de larga duración. Es un método de intervención que reconoce a cada persona como un individuo único y particular, con preferencias, decisiones y capacidades que justifican el derecho a su autodeterminación.

La implantación de este enfoque ha alcanzado un buen desarrollo y calidad en los últimos años, pero las valoraciones indican un grado aún intermedio de aplicación real. Seguramente, tienen que mejorarse aspectos como disponer de un mayor conocimiento de cada persona usuaria, sobre todo en cuanto a su historia de vida, preferencias y capacidades; y permitirles realmente mayor libertad de elección en su vida cotidiana, para vivir de acuerdo con sus valores.

 

Profesionales responsables

Cuando hacemos el esfuerzo de listar cada una de las escenas que llenan el día a día de las personas mayores, y nos fiamos en aquellas relacionadas con la alimentación (elección de un menú, elaboración del mismo, estructura del comedor, servicio y acompañamiento de las comidas, cómo y con quién comen, horarios, etc.), es fácil darse cuenta de que se trata de un terreno no exento de prácticas paternalistas. Somos cada uno de los profesionales, y no los usuarios, quienes lo decidimos casi todo: qué comerán nuestros abuelos cada día, quién será el proveedor de cada producto, cuál será la receta de cada plato; serviremos nosotros los platos en la mesa (más o menos llenos según nuestro criterio) y con una textura u otra según nuestra percepción; probablemente seremos nosotros quienes incentivamos o cortamos un tema de conversación y recogeremos la mesa cuando a nosotros se nos antoje (o cuando el reloj presione). ¿Qué ocurre con las preferencias de nuestros abuelos, con sus costumbres y manías a la hora de sentarse a comer?

El tema de la alimentación, en el sentido más amplio de la palabra, es un ejemplo claro, en la mayoría de casos, de homogeneización de la persona, cuando por naturaleza, cada uno de nosotros somos diversos. Aunque muchos centros se han sumado a este enfoque profesionalizado de ACP, todavía es demasiado frecuente encontrar comedores impersonales, apenas decorados con una o dos televisiones con el volumen frecuentemente demasiado alto; mesas que favorecen poco la comunicación (muy prácticas a la hora de limpiarlas, pero nada acogedoras); bandejas “hospitalarias” y vasos de plástico; cocinas “escondidas” y cocineros anónimos; olores neutrales que en absoluto invitan a la espera del plato del día.

Es evidente que muchos aspectos no se pueden cambiar entre hoy y mañana. No se pueden derrumbar las paredes de la cocina en dos días, para “abrirla” a los usuarios, o modificar todas las mesas rectangulares por otras de redondas, o abrir grandes ventanales en el comedor. Pero llevar a cabo otras actividades como la de elaborar un recetario colectivo y propio de cada centro con la participación de todos y cada uno de los usuarios y sus familiares, o informarles con antelación sobre la comida que habrá cada día, sobre cuál será la receta utilizada y ofrecerles la opción de valorar este menú; dar a elegir los postres de fruta (si plátano, manzana o albaricoque -por ejemplo) que prefiere el comensal o incluso la cantidad de pan que les apetece comer (si es que quieren comer pan). Gestos, todos ellos, inherentes a la filosofía de la ACP y sin embargo, desestimados.

¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros, para aumentar la calidad de la atención que ofrecemos a la persona que acompañamos a diario, para reconocer y hacer valer su dignidad, para proteger sus derechos y para aumentar su calidad de vida? ¿Qué depende de cada uno de nosotros, sea cual sea el lugar profesional que ocupemos?

 

Ideas de intervenciones prácticas en los centros

A continuación, hago una recopilación de ideas y acciones, sencillas y puntuales, ya puestas en práctica en algunos centros residenciales, implementadas para intentar hacer de las comidas una experiencia positiva:

· Integrar en los menús preparaciones culinarias propias de cada usuario
· Elaborar un recetario propio de cada centro, a partir de las prácticas culinarias de cada usuario y familia
· Participar en la elaboración del menú, ya sea elaborando preparaciones sencillas (como pelar patatas, cortar en juliana las verduras o preparar ensaladas), como entrando en la cocina en grupos reducidos, para ayudar (y “guiar” ) al cocinero
· Dar dos opciones de menú (dos primeros y dos segundos)
· Evaluar y adaptar diariamente el menú, considerando de forma constructiva las valoraciones de los usuarios
· Finalizar ciertas preparaciones culinarias en el mismo comedor, para impregnar la sala de olores a comida (tortillas, calentar los platos, hornear el pan, etc.)
· Dar a elegir las frutas de postre entre más de una opción
· Ayudar a poner la mesa antes de las comidas y recoger el comedor después de cada servicio
· Comer con platos y vasos de vidrio y con manteles de tela (en algunos casos, incluso propios de cada usuario)
· Habilitar un huerto en las instalaciones, para que sea trabajado por los propios usuarios
· Dividir el comedor, para crear espacios más pequeños y acogedores
· Servir la comida en bandejas o cuencos en el centro de la mesa, y que cada uno se sirva su plato y la cantidad que quiere; también con el agua, el pan y la fruta
· Decorar el comedor a su gusto de los usuarios, con incluso objetos de cada persona
· Crear la figura de la persona “dinamizadora” de conversaciones, para abrir temas de debate durante las comidas
· Permitir la sobremesa
· Hacer un aperitivo los fines de semana
· Organizar actividades intergeneracionales, permitiendo por ejemplo, la entrada de las familias (y los nietos) para comer algún día en el centro o compartir meriendas especiales los fines de semana
· Realizar talleres y concursos de cocina entre los usuarios, con las familias, con los vecinos del barrio.
· Permitir a los residentes salir del centro para comprar el pan o la fruta del día
· Ofrecer las comidas “trituradas” en otras versiones más allá que los clásicos purés

El bienestar de nuestros abuelos pasa indiscutiblemente por asegurar una buena alimentación y ello es mucho más que servir un plato de comida cada día. Hay que hacer del comedor un hogar, su hogar, en el sentido más amplio de la palabra.

Desde Quánima realizamos diagnósticos de comedores y proponemos cambios realistas y programas de dinamización, para aumentar la satisfacción del servicio de alimentación por parte del usuario.